Life lately #poem #poetry #life

Life lately

Life lately is too thin

to walk too fast

to catch too dark

to paint.

#poem #life #poetry

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En la frontera #relato #frontera #cifi

Lucero caminaba como su madre, los pies ligeramente hacia afuera y el resto del cuerpo marcando un ritmo bamboleante como la música que más gustaba a sus antepasados. Las calles de Guatex estaban cubiertas de arena rojiza por culpa de la última tormenta, y ventanas y puertas permanecían cerradas a cal y canto para que el calor no se colase como una visita inesperada a la hora de la siesta. A veces, le gustaba pasear cuando nadie más lo hacía, quizás porque prefería la soledad, quizás para poder concentrarse en los claroscuros de su memoria, un lugar al que últimamente podía acceder por un camino hasta entonces desconocido. Caminaba hasta el parque desierto y se sentaba presionando sus sienes tan fuertemente que las cuentas de su pulsera tintineaban una melodía tubular y las corrientes circulares abrían un agujero en sus recuerdos. Deja que te ate los cordones, que te vas a caer.
En los últimos meses se había corrido el rumor de que era posible desactivar temporalmente el chip de memoria que les había sido implantado al llegar, pero nadie podía confirmar cómo hacerlo y si realmente lo habían conseguido. Lucero, que siempre escuchaba y callaba, era seguramente una de las pocas que comenzaba a tener ráfagas de memoria no implantada. El problema era qué hacer con esos hilos del pasado, inconexos y sin referencia presente alguna, que iban llegando cada vez más y más. No llores, todo va a salir bien.
El sol apretaba, pero Lucero sabía que a partir de ese momento empezaría a debilitarse como un dolor de cabeza atacado por un gramo de paracetamol. Afortunadamente, la temperatura bajaría lo suficiente como para seguir un rato más allí. Se había sentado en el borde de la única fuente del parque porque caía un chorro delgado de agua y podía meter las manos para refrescar sus sienes. Refrescar y volver a presionar. Solo tiene cuatro años, dejen que estemos juntas. Refrescar y volver a presionar. No llores, te prometo que nada malo te va a pasar. Refrescar y volver a presionar. ¡Mamá! Refrescar y volver a presionar, y el chorro de la fuente se para porque el agua escasea y las normas sobre su uso son muy estrictas. Aprovechando las últimas gotas en sus manos, las esparce por los brazos sintiendo un leve frescor tan efímero que casi se ha marchado antes de llegar. Aún recuerda cuando la fuente rebosaba y los niños jugaban a alcanzar los peces de colores. Niños y niñas que, bajo la tutela de familias adoptivas de la ciudad, poblaban las calles de futuro a costa de recuerdos falsos.
¡Hija! Un latigazo golpeó su frente. No era muy alta, un metro cincuenta y caderas en forma de papaya a punto de madurar. La mujer la abrazaba con todas sus fuerzas mientras unos señores con uniforme negro y armas de asalto intentaban arrancarla sin muchos miramientos. ¿Por qué de repente le resultaba familiar un recuerdo tan ajeno? ¿Cuáles eran sus verdaderos recuerdos y cuáles los implantados? Lucero dio un saltito para bajar de la fuente y se puso la falda bien porque siempre que se sentaba se le subía. Luego, suspiró como si todos los días fueran iguales. Miró el reloj de la plaza y sintió la premura de volver antes de encontrarse con Teresa, quien se dedicaba a atemorizarla cada vez que pasaba bajo su ventana.
Hija… pórtate bien con estos señores. Sintió un espasmo en la nunca y pensó que sería mejor seguir caminando para distraer al miedo. Su padre siempre le dijo que al miedo había que esquivarlo para que así nunca te alcanzara. Lucero había aprendido a sonreír cuando notaba que el pánico se iba a apoderar de ella. Una sonrisa forzada y su cerebro lograba engañar a todos los miedos posibles. Paso. Sonrisa. Paso. Sonrisa. Paso. Y a señora bajita le manda un beso empapada de sus propias lágrimas. Paso frenado y la sensación de pulsión en todo su cuerpo le dio ganas de vomitar. Pero no vomitó. Abrió los puños y reanudó el paso tan lentamente que casi no sentía el movimiento de sus pies. Casi no era consciente de sus dedos extendidos como una estrella de mar, ni su pelo comenzando a bailar con la primera brisa de la tarde. Casi no se percató de haber estado caminando tanto que llegó justo hasta el límite de Guatex. Allí, en la frontera, los cactus se defendían como buenamente podían, era su naturaleza, como la de todos aquellos que habían intentado llegar hasta allí y tuvieron que volver. Desposeídos de sus sueños y su único futuro, fueron devueltos después de inyectarles el suero del olvido. Era mucho más barato que el chip y hacía efecto el tiempo justo que tardaban en llegar a sus lugares de origen.
Hija…hija…hija…y Lucero recordó su camiseta roja sucia, sus pantalones negros rotos por las caídas y los cordones de los zapatos desatados que su madre ató justo antes de que se la llevaran los agentes de fronteras. Por un momento pensó en romper a llorar, luego quiso echar a correr, pero notó como unos brazos la rodeaban y se la llevaban hasta la vieja caseta que mostraba un cartel que decía Centro de Recepción de Visitantes de Guatex. No mostró resistencia, ya no era un cactus, y pudo ver como un agente se acercaba con un artilugio que parecía una pistola, pero que no lo era. Clic, y su cerebro se reinició. Entonces echó a llorar como una niña pequeña y empezó a gritar. ¡Quiero a mi mamá! ¡Quiero a mi mamá! No te preocupes, te llevaremos con ella ahora mismo.
Cuando llegó a casa, su madre la recibió con el miedo en el rostro y un vaso de limonada fría en la mano. Lucero respiró aliviada y abrazó a la mujer que tenía frente a ella sin hacerse preguntas porque ya tenía todas las respuestas. Éstas se habían quedado en la frontera.

Siempre es el día equivocado #poema #poesía

Siempre es el día equivocado

desde que nací camino contra el tiempo

esquivando relojes isócronos
 

llego un día antes a los hoteles

y varias semanas después al consulado

empiezo proyectos caducos y deambulo

por pasillos que nunca fueron pisados.

 
Hoy es el día menos pensado

con un pie aquí y el otro en un viejo

precipicio, con el vértigo anclado

 
al cuello y los puños cerrados

con el pelo más largo que hace un año

y los deseos más ladradores

tirando de mis brazos agotados.
 

Es el día equivocado

para el día menos pensado.

Mother #poem #mother #poetry

Mother sits on the sofa
playing Candy Crush on her iPad 
and sighing 
her mother’s name like a 
sacred song that keeps her alive 
millions of waves away from 
                                                me.
She knows that time passes and the birds
are born again on my front porch
three squalid red cardinals 
that won’t scar for ever
but it will for today.
Mother assembles her sore bones
and muscles
releasing a long distance painful sound
that wounds me like an arrow
millions of waves away from 
                                                her.
I know she cooked gazpacho
while the cat asked for some attention 
those black and white paws 
that used to touch my face in the mornings 
but they didn’t today. 
Mother and I cut the distance 
with some laughs and a bunch 
of hidden tears 
millions of waves away from
                                                each other
until the ocean between us 
dries up
until our voices fade 
like a wave
                                                away.

La estrella negra y los girasoles

Si estás leyendo esto significa que he llegado a La Estrella Negra. Viva o muerta, pero he llegado, y lo he hecho desde un planeta al borde de la extinción compuesto de los países más corruptos de los universos cercanos. Podría ser peor, seguirán diciendo muchos, convencidos de sus argumentos y cubiertos de mierda desde la cabeza a los tobillos, porque los pies ya llevaban mucho tiempo en el barro que produce la lluvia nocturna programada cada lunes, martes y miércoles del año.

Fue Aysha quien me habló de las naves invisibles, ilusionada como el primer día de entrenamiento, llegó y se metió en mi cama como cualquier otra noche, oliendo a los ríos de mi niñez y susurrando a mi oído el plan que solo una de las dos podría llegar a cumplir.

Podría ser peor, su eco aún me llega en las noches de pesadillas por falta de droga del sueño.

Yo logré escapar, no fue tan difícil como pronosticaban las damas de mi destacamento, el mejor valorado del ejército. Nos pegarán un tiro en la cabeza si nos pillan. Y yo prefería imaginarme la bala fría como el Mar Blanco entrando en mi cabeza antes que seguir en el corredor de Los Girasoles.Tenemos grandes planes para vosotras. Habéis sido entrenadas para ser las mejores esposas-soldado de todo el planeta. 

La Estrella Negra tiene un bonito amanecer, me decía Aysha mientras rozaba mi pierna con la suya. Yo creo que no es para tanto, pero podría ser peor.

Label Me Latina/o

Esta semana se ha publicado el número de primavera de la revista Label Me Latina/o, dirigida por Kathryn Quinn-Sánchez, de la Georgian Court University, y Michele Shaul, de la Queens University of Charlotte. En este número aparece mi poema El exilio era esto, un homenaje al poeta venezolano Alejandro Rebolledo y a mis amigos, expatriados como yo.

Podéis acceder a la revista desde aquí. En ella hay ensayos, poemas, relatos y entrevistas.

Y al poema desde aquí.

Ni cuando llega la tarde #WorldPoetryDay #DíaMundialDeLaPoesía

Ni cuando llega la tarde
me olvido de donde vengo
de los niños jugando en la plaza
que una vez fue piscina
de las madres gritando por la ventana
la hora de la merienda
del taller de coches improvisado
a la hora de la siesta
del kiosko donde compraba
un paquete de aceitunas por cinco duros
de nada que lo eran todo
de los juegos en grupo
y las peleas en secreto
de la cara del abuso
amenazando desde un edificio ciego
del violín entrando por la persiana
y mis sueños intentando levantar el vuelo.
Ni cuando llega la tarde
me olvido de donde vengo
solo así soy consciente
de estar cada vez más lejos.

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