Desubicados

No miento si digo 
que me siento desubicada:
extranjera en mi país,
extranjera en tierra lejana.
Voy volando fronteras,
cruzo años,
dejo atrás gente, caras,
sombras de un pasado.
Encuentro otros rostros,
asimilo otras voces,
dejo mis dos besos
– como si no pasara nada –
disimulando que el segundo se cayó
en el mar de constancia.
Anoche, por el breve instante 
de cinco horas,
vi que no era la única,
que mi nacionalidad no me definía 
más allá de una bandera ignorada,
que mi historia se difuminaba 
en una tierra árida, 
que los países no nos diseñan,
que los desubicaos nos atraemos
como la tela de una araña,
disueltos unos en otros,
sin banderas ni patrias.
Los desubicados buscamos 
lugares cercanos, 
cantamos estrofas,
repetimos estribillos.
Los desubicados deseamos 
que no nos acepten en el grupo,
que nos echen de la secta,
somos incorrectos por naturaleza.
Los desubicados sabemos 
– a ciencia cierta – 
que también somos desubicadas,
brindamos, soñamos, reímos,
damos la cara. 
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